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Perú: Lima, Cuzco y Machu Picchu

10° 2′ 0″ S, 77° 1′ 0″ W

Lima

Doce horas después de despegar en Barajas, estábamos aterrizando en el aeropuerto de Lima, situado en EL Callao, a pocos kilómetros de la capital y donde se encuentra el puerto comercial más importante del país.

La Capital de Perú tiene oficialmente 8 millones de habitantes pero se calcula que en realidad pueden ser alrededor de 12 millones, pues en los últimos años ha habido un movimiento migratorio muy grande desde el campo y de hecho en las afueras se pueden ver barrios llenos de favelas que carecen de los mínimos servicios.

Views of Lima © Matthew Barker, Peru For Less 2009

Nos dirigimos directamente al hotel, situado en el barrio de San Isidro, que junto al de Miraflores son los dos barrios residenciales más seguros de la ciudad. El hotel se llama Los Delfines, muy recomendable y cuyo principal atractivo es un gran acuario con delfines en la planta baja.

Esa misma noche, salimos a cenar al restaurante Costa Verde, en playa barranquito del barrio de Miraflores y que tiene el Récord Guinness por su gran variedad de platos de buffet; entre otros pudimos degustar el cebiche, una de las especialidades típicas del país. También probamos el Pisco Sour, considerada bebida nacional y que está compuesta de licor de uva con jugo de limón, azúcar y clara de huevo.

El día siguiente lo dedicamos a visitar el centro histórico de la ciudad. En primer lugar vamos a la Plaza Mayor donde se encuentra la Catedral, construida a imagen y semejanza de la de Sevilla y donde descansan los restos de Francisco Pizarro.

imagen de Martintoy

También visitamos el Convento de Santo Domingo, el más antiguo de la ciudad y donde se encuentran los restos de Santa Rosa de Lima y de San Martín de Porres; la Casa de Pilatos construida por el jesuita Luis Portillo y que debe su nombre al parecido con la de Sevilla. En la Plaza de Armas se encuentra el Palacio del Gobierno, también conocido como Casa de Pizarro, pues fue la sede administrativa del Gobierno del Conquistador.

Respecto a los museos, el que más nos gustó y no debe dejar de visitarse es el Museo del Oro. Ese día comimos en el restaurante La Rosa Náutica, en Miraflores, a pie de playa y con una excelente vista del Pacífico.

Después de tres días en Lima, tomamos un vuelo hacia Cuzco.

Cuzco

Al aterrizar en el Aeropuerto Internacional Alejandro Velasco de Cuzco, que se encuentra a unos 3.400 metros de altitud, es bastante probable que te empiece a afectar un intenso dolor de cabeza. Esto se debe al mal de altura. Es por ello que nada más llegar al hotel, a nosotros nos han ofrecido una bolsita con hojas de coca para que las masticásemos tumbados en la cama y así, al cabo de unas horas, estábamos ya aclimatados y en disposición de empezar a disfrutar de nuestro viaje. Nosotros nos alojamos en el Hotel Libertador, de 5 estrellas y que en el siglo XVI fue la última residencia de Francisco Pizarro, primer gobernador español de Perú.

A Cuzco se la considera la primera ciudad habitada de América, pues hay indicios de que se fundó hace 3.000 años. Sí que está documentado que el Imperio Inca se instaló en la ciudad en el siglo XIII. El nombre de Cuzco se atribuye a Francisco Pizarro en 1534. Hace unos años se cambió el nombre por el de Qosqo

El hotel se encuentra en el centro histórico y a sólo tres manzanas de la Plaza de Armas, centro neurálgico de esta ciudad de 500.000 habitantes. Lo primero que nos sorprendió es que a diferencia de la peligrosidad de Lima, por Cuzco podíamos pasear de día o de noche con total tranquilidad.

Visitamos el Koricancha o Templo del Sol, llamado así porque los Incas lo revistieron de oro; hoy se levanta sobre él el Convento de Santo Domingo. En la Plaza de Armas entramos en la Catedral y en la Iglesia de los Jesuitas. En los alrededores de Cuzco se encuentra el Sacsayhuaman, fortaleza Inca construida con piedras de más de 9 metros de altura y ensambladas con precisión milimétrica.

Machu Picchu

Después de dedicar dos días a visitar Cuzco nos preparamos a viajar hasta Machu Picchu, para lo que podemos escoger tres maneras de hacerlo. La más tradicional es realizar el camino Inca a pie para lo que necesitaremos 4 jornadas y contratar un guía local. Dado que no disponemos de tantos días, optamos por una de las otras dos.

El tren es el medio más utilizado. Entre Cuzco y Aguas Calientes hay 112 kilómetros, por lo que el tren tarda unas cuatro horas. Al llegar, decidimos hacer noche en Aguas Calientes. La última opción es el helicóptero. Es la más cara pero optamos por ella en la ida, pues salimos temprano y en poco más de media hora ya estábamos al pie de Machu Picchu. Si aterriza en Aguas Calientes, desde allí salen continuamente autobuses hasta Machu Picchu.

La subida, de aproximadamente 6 kilómetros, es estrecha y con muchas curvas de 180º al lado del precipicio. Los autobuses son viejos y los neumáticos hace años que no han sido cambiados. Según vamos subiendo pensamos qué pasaría si aparece otro autobús en contra. Hay quién opta por subir a pie, pero no es recomendable pues en esos 6 kilómetros hay que salvar un desnivel de 700 metros.

Machu Picchu fue descubierto en 1911 por Hiram Bingham y está ubicado en la provincia de Urubamba y en Quechúa significa “Cima Vieja”. En 2007 ha sido declarado una de las nuevas Maravillas del Mundo. El primer emperador Inca mandó construir el complejo urbano de Machu Picchu en el año 1450.

El área edificada cuenta con unos 530 metros de largo por 200 metros de ancho y está separada por un muro de 400 metros de la zona agrícola. Algunas de las estructuras más conocidas son, el Templo del Sol, la Residencia Real y la Plaza Sagrada. Por el camino de Huayna Pichu se llega al Templo de la Luna en la cima de la montaña. Al atardecer tomamos el tren de vuelta y en poco menos de cuatro horas estamos de vuelta en Cuzco. ¡Fin del viaje!

Nápoles

40º-50’ N 014º-15’E

La primera vez que llegamos a esta ciudad, nos quedamos totalmente estupefactos por el caótico y desordenado panorama que nos encontramos.

Sin embargo, no hizo falta que pasase mucho tiempo para ir contagiándonos del ambiente alegre y mediterráneo de esta gran ciudad, la más poblada del sur de Italia y el polo opuesto a las grandes ciudades del norte como Milán o Turín.

El área metropolitana de Grande Nápoli tiene 4,5 millones de habitantes y es la capital de la región de la Campania, está situada en el mar Tirreno y tiene un clima mediterráneo con temperaturas muy altas en verano y muy suaves en invierno. Las mejores épocas para viajar hasta aquí es en primavera o en otoño.

Llegamos en avión al aeropuerto de Capodichino y ya desde el aire nos dimos cuenta de la enorme extensión que ocupa y de que está totalmente abierta a la mar.

Desde el mismo aeropuerto empieza la aventura cuando tomamos el taxi, antiguo y desvencijado, y tratamos inútilmente de decirle al taxista que no tenemos prisa para ver si así respeta los límites de velocidad. Incluso en algunos momentos aprovecha las vías del tranvía para ganar espacio y tiempo en medio del caos de tráfico habitual. Enseguida nos damos cuenta de que en esta ciudad las normas de tráfico no son al uso, que los cascos de los motoristas brillan por su ausencia y que los semáforos son meramente indicativos pero que no obligan en absoluto. Curiosamente, aunque nadie respete los ceda el paso y se crucen continuamente de carril, no se oye ningún pitido.

En nuestra siguiente visita llegamos por tren desde Roma; el billete con nuestro asiento numerado no significa que vayamos a ir acomodados tranquilamente en el sitio que nos han asignado; de hecho, tuvimos que hacer gran parte del trayecto de pie, en el pasillo.

Al llegar a Nápoles después de unas tres horas de viaje, nos bajamos en la Stazione Centrale de la piazza Garibaldi, plaza frecuentada por todo tipo de gente, principalmente inmigrantes intentando vender todo tipo de falsificaciones y rodeada de hostales no demasiado recomendables para alojarse debido al ambiente nocturno de la zona.

Si viajamos en vehículo particular, la mejor opción es contratar un hotel con parking, dirigirnos como podamos (imprescindible disponer de GPS) rápidamente al hotel y olvidarnos del coche hasta el día de la partida. Si tratamos de conducir por Nápoles podemos volvernos locos y llegar al punto de destino con más de un bollo en la carrocería, como podemos observar en la mayoría de los coches. En una ocasión me contaron que un americano, a pesar de los consejos, se decidió a conducir por la ciudad, lo que logró hasta que llegó a una gran rotonda; debido a la forma de conducir de los napolitanos no era capaz de salir de la rotonda por lo que estuvo un buen rato dando vueltas a ella hasta que cansado, paró el coche como pudo y se fue a pie.

Nos alojamos en un hotel de la vía Partenope, frente al mar y zona de ambiente nocturno tanto de restaurantes como bares de copas. En esta calle hay varios hoteles de cuatro estrellas y, aunque el precio es un poco alto, hay que tener en cuenta que es la mejor zona de Nápoles. Justo enfrente está el Castell dell’ovo construido sobre el año 1.100 y que fue el inicio de la ciudad. En su entorno hay un puerto pesquero y deportivo, restaurantes con terraza de calidad y a buen precio para comer pescado del día.

En otra ocasión nos alojamos en un hotel próximo a la Galeria Humberto I. Esta Galería cubierta, prodigo de la arquitectura y muy similar a la Galería Vittorio Enmanuel de Milán está llena de comercios y cafeterías y es punto de encuentro de la sociedad napolitana. Una de sus entradas sale a Vía Toledo, una de las más comerciales y transitadas de Nápoles.

Si paseamos por vía Toledo (llamada así en memoria del Virrey Pedro Álvarez de Toledo que la mandó construir en 1536) podemos apreciar a un lado las típicas calles napolitanas, muy estrechas y donde la ropa está tendida de lado a lado. Lo más curioso es ver a la gente hacer la compra desde la ventana mediante un cestillo donde bajan el dinero para que el pescadero o frutero ambulante lo cambie por el género.

La zona de San Gregorio Armeno acoge todos los años de noviembre a enero el gran mercado del Pesebre, tradición navideña de los napolitanos, de gran fama en todo el mundo.

Nápoles está plagada de catacumbas y galerías subterráneas que llegó a ser una verdadera ciudad bajo tierra. Durante la Segunda Guerra Mundial se utilizaron como refugio anti bombardeos y hoy en día son un reclamo turístico. Los tours comienzan desde la plaza San Gaetano y desde la vía Santa Anna di Palazzo. En la época romana los santos que eran perseguidos se refugiaban en las catacumbas; El más famoso de todos fue San Gennaro, hoy Patrón de Nápoles.

Todos los años, el 19 de septiembre, aniversario de la muerte del Santo, se produce el “milagro” de la licuefacción de su sangre. También se le atribuye haber protegido a la Ciudad de las erupciones del Vesubio.

Enfrente de la Galería Ummberto I se encuentra el Castellnuovo y detrás está el puerto de Nápoles, el verdadero motor económico de la ciudad. Todos los días podemos ver algún barco de pasaje, pues esta ciudad es parada obligatoria en la ruta de cruceros por el mediterráneo occidental. Por las mañanas cientos de turistas se pasean por la ciudad.

Frente al puerto podemos ver la isla de Capri, situada en la parte sur de la bahía frente a la villa de Sorrento, famosa en los 60’s por ser balneario de la burguesía y escenario de películas de Sofía Loren, Marcelo Mastroiani y otros conocidos actores italianos. Para llegar a ella debemos tomar un ferry que sale con bastante frecuencia desde el puerto de Nápoles, sobre todo en verano. También salen barcos desde Sorrento.

Después de navegar aproximadamente 1,5 horas llegamos a Marina Grande, que es el puerto de Capri. Desde el atraque podemos ver el puerto deportivo, una pequeña playa de piedra y unas cuantas terrazas llenas de turistas.

La isla tiene aprox. 10km2 y un perímetro de 17 kms. La capital es Capri. Para llegar hasta ella desde el puerto hay que tomar un funicular. Capri es pequeña, con calles muy estrechas y llenas de restaurantes y tiendas de recuerdos. Fuera de la ciudad hay cantidad de villas de principios del siglo XX donde residieron entre otros Pablo Neruda, Vladimir Lenin, Maximo Gorki o la Reina Victoria de Suecia. En el centro se encuentra la segunda población de la isla llamada Anacapri. La visita a la isla se puede hacer en el día y volver en uno de los últimos ferrys, pues los hoteles de la isla son bastante caros. A la vuelta podemos cenar en Nápoles, donde dicen que están las mejores pizzerías de Italia.

Otra de las visitas obligadas desde Nápoles es Pompeya. Todos hemos oído alguna vez la historia de Pompeya, sepultada por una erupción del Vesubio un 24 de agosto del año 79 dc.

Para llegar a Pompeya tomamos la Ferrovía Circumvesubiana, cuya estación está muy cerca de la Stazione Centrale. Es barato y no tarda demasiado. Después de salir de la ciudad pasaremos por Ercolano, donde hay una ciudad como Pompeya pero más pequeña y menos conocida, después pasaremos por Torre del Greco y Torre Annunziata antes de llegar a Pompeya.

En nuestro caso, habíamos madrugado para aprovechar la mañana y por la tarde, desde la estación de Pompeya, seguimos hasta Sorrento antes de volver a Nápoles.