Posts Tagged ‘ consejos ’

Aunque las vacaciones siempre han tenido fama de relax, lo cierto es que la realidad es bien distinta. Piensa en la última vez que hayas visitado algún país o ciudad: madrugones, colas para entrar en los sitios, carreras para ver lo máximo en el mínimo tiempo, etc. Por lo que cuando uno llega de nuevo a la oficina suele estar más cansado que cuando se ha ido, aunque no podemos quejarnos.

La capital de La Bella Italia, Roma, es precisamente una de esas ciudades masificadas, gente ocupando toda la calle, colas que dan la vuelta a las esquinas, etc. Y que mejor prueba de ello que intentar sacarse una foto en la Fontana Di Trevi donde uno acaba saliendo con la sonrisa forzada tras haber tenido que esquivar a los cientos de turistas allí aglomerados que, por muchas fotos que ya se hayan tomado, son incapaces de irse y dejar paso a los siguientes. Lo mejor, aunque no garantizamos que vayas a tener éxito, es que vayas o a primera hora de la mañana (ya que no suele ser la primera parada de un turista) o a última hora cuando está anocheciendo. Aunque, por si acaso, ármate de kilos de paciencia.

Sin embargo, la gran pesadilla de los viajeros en Roma son las desesperantes colas que se forman en el Coliseo y el Vaticano. Para evitarlas, existen unos trucos que, personalmente, a mi me han ido muy bien las veces que he viajado a esta increíble ciudad. Empecemos por el Coliseo.


Sin colas en el Coliseo

El Coliseo, por David Lacarta

Normalmente las colas para ver este circo romano sólo se producen para comprar la entrada de acceso (unos 12 euros). La entrada al Coliseo incluye también la visita al Foro romano y al Palatino, por lo que para evitar las aglomeraciones, en vez de comprar el ticket a la puerta del Coliseo, como hace todo el mundo, lo mejor es irse hasta la taquilla del Palatino, pues de ahí ya puedes pasar al Coliseo y tu decides el orden en el que quieres ver los monumentos.

Esta es la opción más económica. Sin embargo, si insistes en querer entrar primero en el Coliseo y te da pereza ir hasta el Palatino a comprar la entrada, entonces deberás pagar por ello. Existen dos opciones de pago: una de ellas es comprarte el Roma Pass (unos 25 euros), que permite tener acceso al transporte público durante tres días y la entrada a museos o monumentos es gratuita o, sino, contratar a un guía de los que se acercan a ti en la cola (suele costar unos 4 euros), con ambas opciones puedes entrar directamente sin esperas.


Sin Colas en el Vaticano

Vaticano. Imagen de usosombrero en Flickr

Posiblemente esta sea la cola más larga de la ciudad, y es que no creo que haya nadie dispuesto a perderse las mejores obras del Renacimiento italiano. Incluso madrugando tendrás que comerte la interminable espera asi que, si quieres evitar este momento, puedes optar por algunas opciones como: contratar un guía, con el que pasarás sin tener que esperar o, al igual que en el Coliseo, hacer el recorrido a la inversa de como lo hacen la mayoría de los turistas. Si éstos empiezan por ver la Basílica y los Museos Vaticanos, dejando para lo último la Cúpula, nuestra propuesta es empezar por la Cúpula, para evitar el calor y las aglomeraciones, y finalizar en los Museos Vaticanos, que a última hora habrá menos gente. Lo mejor es que vayas por la mañana, ya que el museo cierra sobre las 17:00h a más tardar.

Esperemos que estos pequeños trucos os sirvan de ayuda. Si vais a Roma y los aplicáis, no dudéis en contárnoslo. Suerte y ¡Buon viaggio!

Ver también: Roma en un fin de semana

Comodidades quizá no tenga ninguna, no nos vamos a engañar pero ¿y lo que te ahorras? Estos días, ante la continúa amenaza en la que se encuentran mis vacaciones, he estado documentándome acerca de cómo se debe dormir en un aeropuerto. A simple vista, os parecerá una tontería pero, ¿quién no se ha quedado dormido esperando un vuelo con retraso o cancelaciones? De hecho, es un tema tan importante que hasta se ha creado un portal al respecto: sleepinginairports.net

Lo primero de todo, según esta Web, es importante tener en cuenta en qué aeropuertos podemos o no quedarnos dormidos. Como si de hoteles se tratasen, sleepinginairports ha creado una lista de los mejores aeropuertos donde poder dormir y otra con los peores, para ello se ha basado en opiniones de los usuarios.

Los mejores aeropuertos

Encabezando la lista está el Aeropuerto de Singapur, galardonado con la almuhada de oro (si, al parecer hay premios al aeropuerto con el suelo más limpio donde poder tirarse). Lo mejor de todo son las opiniones de los usuarios que consideran que es “como un hotel” (no se yo si éste habrá estado en muchos hoteles en su vida), otro opina que “aunque tengas alojamiento en la ciudad, te recomiendo que al menos una noche la pases en el aeropuerto” (ya puede estar bien), otro en cambio dice que “es el mejor aeropuerto donde ha dormido”. Aunque también hay opiniones negativas como “La policía del aeropuerto da miedo, me despertaron hasta cuatro veces pidiéndome el pasaporte y molestándome” (desde luego, que poca consideración y respeto).

En el número dos está el aeropuerto de Seoul Sincheon: Al parecer en este hay mucho espacio para dormir, aunque gracias a esta página, un usuario asegura que los mejores sitios suelen estar cogidos. Lo siguen Hong Kong (llamado sin exageración alguna el aeropuerto del cielo), Amsterdam Schiphol, Dubai, Munich, Kuala Lumpur, Frankfurt International, Zurich y Copenhagen. Para poder alcanzar la Almohada de oro, se miden parámetros como el confort, limpieza, servicio al cliente y prestaciones del aeropuerto. La verdad es que lo pintan tan bien que puede llegar a ser una buena solución para nuestros viajes en plena crisis.

Los peores

La lista de los peores aeropuertos está encabezada por Paris Charles de Gaulle. Al parecer, los testadores de aeropuertos (como profesión no estaría nada mal) se quejan de que “hay muchos indigentes que huelen mal y se tocan en sitios inapropiados” (bueno, en cierta manera los ofendidos deberían de ser ellos por invadir su espacio), además, parece que “en invierno hace mucho frío y hablan mucho por el altavoz” (si, es lo que tiene un aeropuerto). En esta lista también están: Moscow Sheremetyevo, Delhi, Los Angeles, New York JFK, Hanoi, Manila, Rome Fiumicino, Frankfurt Hahn y, por último, London Heathrow. Aunque, según mi experiencia, yo el de Fiumicino no lo he visto tan mal ;) , claro que me he saltado las recomendaciones y me he ido directamente a morir a uno de los sofás.

¿Qué debes llevarte?

Bueno, ahora que ya nos vamos haciendo una idea de los aeropuertos en los que podemos pasar una plácida noche y en los que no, vamos con las advertencias de sleepinginairports:

1. Lo primero de todo debes de asegurarte que el aeropuerto permite que la gente se aloje en sus instalaciones y que no cierra, ya que podrán preguntarte qué haces allí, pedirte la tarjeta de embarque y preguntarte porque no te vas a un hotel como “la gente normal”, así que es mejor que te lleves un plan B en la manga por si acabas en la calle.

2. Vete preparado en el caso de que tu vuelo tenga posibilidades de ser cancelado, vamos por si British decide no levantar su huelga o el humo negro acaba amargándote las vacaciones. Con esto se refieren a que te lleves una almohada hinchable, antifaz para dormir, tapones para los oídos, una manta, un desertador, toallitas desinfectantes, dinero en metálico y ¿Vicks Vapour Rub?, a esto último no le encuentro mucho sentido, aunque al parecer lo recomiendan por si la terminal huele mal.

3. Llevar saco de dormir puede ser muy cantoso (si, básicamente porque se ve a leguas tu intención de acampar allí), por lo que recomiendan que extiendas una toalla o manta, ya que muchos aeropuertos no permiten que se monten campamentos dentro del aeropuerto.

4. Es importante que vayas temprano para coger sitio (nuevo turismo de moda), ya que en algunos aeropuertos como el de Stanted en verano parecen estar a rebosar de mochileros buscando un hueco donde dormir.

5. En la quinta creo que ya se les está yendo de las manos, pues recomiendan que, antes de asentarte, inspecciones la zona. Puedes intentar buscar “sitios creativos en donde dormir, por ejemplo, detrás de la oficina donde se venden los tickets, en una silla de ruedas o en la misma cinta de las maletas” (no sé, no acabo de verlo).

6. Es mejor que lo hagas a la ida y no a la vuelta, ya que estarás menos cansado y tendrás más ganas de experimentarlo. Es mejor adoptar una actitud inocente, como que no tienes planeado quedarte, ya que así pasarás más desapercibido (vamos, que evites montar todo tu chiringuito en mitad de la terminal)

7. Vístete acorde a la ocasión. O sea, que lleves ropa cómoda y que no aprecies mucho, ya que posiblemente acabes retozándote por el suelo y dejándolo impoluto.

Y, aunque hay muchos más consejos, como que te lleves papel de wc, que no armes mucho jaleo, que seas limpio, que tengas cuidado con tus cosas, etc. Estos son los que más me han llamado al atención. La verdad es que esta filosofía de viaje (pues se ha llegado a crear hasta una comunidad de viajeros de aeropuertos en los que ya hay más de 5.000 fans) no tiene tan mala pinta. Desde luego, va en cabeza como el plan más económico para las próximas vacaciones, ¿te animas a probarlo?

La palabra turismo parece denotar siempre consumo, gasto y viajes; sin embargo lo que a continuación proponemos es una manera fácil de hacer turismo sin gastar mucho dinero y sin movernos de nuestro lugar de residencia: el “turismo casero”, es decir, conocer a fondo nuestra propia ciudad.

Nos convertimos en excursionistas

Para comenzar, es muy importante mentalizarnos de que somos unos turistas al uso, esto implica olvidarnos de las ideas preconcebidas de los lugares que vamos a conocer. Además, como todo buen explorador, es preciso contar con una cámara de fotos para inmortalizar todo aquello que nos llame la atención, y una indumentaria y calzado cómodos; además sería bueno contar con una libreta para apuntar todos aquellos datos nuevos. No estaría de más, ya que somos turistas, contar con un plano y organizarnos más o menos con un plan de ruta, ya no tanto con horarios, que podrán ser flexibles puesto que estamos en casa, sino con zonas o lugares de interés.

 

Puede parecer extraña esta propuesta, pero no lo es tanto. Pensemos que, habitualmente, salimos por nuestra ciudad a carreras de casa al trabajo y viceversa, y nuestro ocio lo dedicamos a lo puramente español: bares y tiendas. En conclusión, todo se reduce a gastar, y recorrer más o menos los mismos lugares de lunes a domingo sin salirnos de un esquema parecido.

 

 

Hacer algo nuevo en nuestra localidad

E turismo casero es una manera económica de “consumir” nuestro tiempo libre. Podemos visitar museos (sería bueno recoger panfletos y conocer cuándo son las jornadas de puertas abiertas o de precios reducidos), las plazas más ambientadas, un parque característico, zonas desconocidas… No sólo proponemos pasear por sitios prácticamente desconocidos para nosotros, quizá con una buena compañía, escuchando música o simplemente observando lo que nos rodea. Sino conocer en profundidad los edificios institucionales, por ejemplo, el ayuntamiento o la diputación; o los históricos, para saber las labores que desempeñan en la actualidad. Por supuesto, las posibilidades se multiplican cuando se trata de ciudades grandes donde, en ocasiones, no conocemos zonas o barrios enteros de nuestra ciudad. No obstante, no hay que despreciar las pequeñas localidades, todas esconden un gran encanto digno de descubrir.

 

¿Cuántas veces nos damos cuenta de que no tenemos ni una foto en nuestra catedral o en nuestra Plaza Mayor? Con seguridad tienen más fotos nuestras visitas que nosotros. Por no hablar de cuando tenemos huéspedes y nos preguntan por éste u otro edificio y no sabemos decirles ni dónde está ni para qué sirven. Nos esforzamos en salir de casa para conocer en profundidad monumentos típicos a los que no nos hemos acercado en nuestra localidad.

Conocer nuestra propia ciudad más de cerca no sólo nos enriquece personalmente, también nos permite conocer cosas que seguro que nos sorprenderán. Y sobre todo, la próxima vez que alguien nos visite seremos unos excelentes guías turísticos. ¡Ah, sin gastar dinero ni hacer las maletas!