Mini guía para viajar al Líbano: Beirut, Baalbek y Biblos

Beirut, Líbano

Beirut, Líbano

Dicen algunas revistas de viajes que el Líbano es la Suiza de Oriente. No sé en qué Líbano habrán estado ellos, pero ya puedes ir sacando de tu cabeza la imagen de Dubai, Catar o Baréin​, por poner un ejemplo. El Líbano nada tiene que ver con el glamour y mucho menos con el lujo.

Tampoco estamos hablando de un país subdesarrollado, aunque en ocasiones pueda llegar a parecerlo (sobre todo cuando necesitas Wifi). Beirut cuenta con un montón de rascacielos con centros comerciales y hoteles que, curiosamente, se erigen junto antiguas edificaciones en ruinas marcadas con metralla.

Un batiburrillo de reliquias históricas que se entremezclan con lo moderno ofreciendo un peculiar contraste. Aunque la guerra civil terminó en 1990, en ocasiones uno tiene la sensación de que fue ayer. En otros lugares como el puerto, sin embargo, es como no haber salido de Europa. Qué cosas.

¿Qué hay para ver en el Líbano?

Nuestra ruta estuvo centrada en Beirut, Baalbek y Biblos, ya que no tuvimos más tiempo.

Beirut es una ciudad que nada tiene que ver con la imagen que nos hacemos de Oriente Próximo. En ella conviven cristianos, chiítas y sunís, por lo que se pueden ver iglesias y mezquitas a sólo unos metros de distancia entre ellas. Este es el caso de Mohammad Al-Amin Mosque –también conocida como la mezquita azul, por el color cielo de sus cúpulas– y de la catedral de Saint Georges, que están prácticamente pegadas.

Mezquita Beirut, Líbano
Foto: Miryam Tejada (Adondequieraquevaya.com)

La religión fue la causante de la guerra civil que sufrió el país en 1975 y que duró hasta principios de los 90. Las diferencias entre los musulmanes, cristianos y facciones seculares (los que defendían la libertad de elección de una religión), así como la intervención de israelíes y sirios, convirtieron el país en un campo de batalla.

Actualmente, para evitar nuevas confrontaciones, su gobierno es multirreligioso. Esto significa que su Presidente es cristiano, el Primer Ministro suní y el Presidente de la Asamblea de Representantes chiíta.

En Beirut, aunque la guerra afectó a una buena parte de la ciudad, el barrio de Bachoura es el que se llevó la peor parte, pues fue donde estaba el frente. Muchos de los edificios muestran signos de metralla, están en ruinas y las grietas de sus fachadas amenazan con venirse abajo, lo que supone un peligro para los libaneses que han vuelto a ocupar el barrio.

Beirut, ruinas, grafiti

El Downtown de Beirut también fue destruido, aunque a diferencia de Bachoura sí fue reconstruido. Hoy, su centro urbano es como una maqueta en escala real donde se ha realizado una réplica de la antigua arquitectura. Un mírame pero no me toques, donde las entradas están custodiadas por militares, las viviendas parecen estar vacías y los comercios han sido traspasados.

Plaza Etoile, Beirut

Las angostas calles te llevarán hasta la plaza de l´Etoile -plaza de la estrella en castellano por su forma– donde se erige uno de los relojes más fotografiados de la ciudad. A pesar de su popularidad, sólo un bar con el mismo nombre parece tener vida.

Downtown Beirut, Líbano
Foto: Miryam Tejada (Adondequieraquevaya.com)

Baalbek

La historia del Líbano continúa, o más bien tiene sus comienzos, en Baalbek: un antiguo yacimiento situado a 2 horas en coche de Beirut y a unos 5 kilómetros de la frontera con Siria. El lugar, que cuenta con una de las ruinas más impresionantes del Mediterráneo, fue un santuario fenicio reconvertido en ciudad griega que, más tarde, fue conquistada por los romanos y, durante la guerra civil, por Hezbolá.

Baalbek, Líbano

Como curiosidad, el símbolo de Hizbolá -considerado como partido político por algunos libaneses y grupo terrorista por la mayor parte de los países occidentales- está grabado en todas las camisetas que se venden a la entrada de las ruinas de Baalbek.

Baalbek, Líbano

Biblos

Por su parte, Biblos es la primera ciudad fenicia. Sus restos, declarados patrimonio de la humanidad, se pueden visitar; igual que el puerto, uno de los más importantes del Mediterráneo porque antiguamente comercializaban por vía marítima con los egipcios, asirios y persas.

Biblos, Líbano

Para moverse por el Líbano lo mejor es acercarse hasta Cola Station, una explanada donde hay varias furgonetas y buses que parten hacia diferentes zonas del país. No esperes encontrar señales, ni carteles de hacia dónde se dirige cada uno. Tampoco importa, en cuanto te vean acercarte a la “estación” varios hombres saldrán a buscarte. La gran mayoría no hablan inglés, pero tú sólo tendrás que decir el nombre del lugar al que te diriges. El resto ya lo hacen todo ellos.

Confía. No hay nada de qué preocuparse. Bueno, o igual sí: conducen muy mal.

Biblos, Líbano

Y esto nos lleva al siguiente punto y una de las dudas más habituales de todos los que no saben porqué quieren viajar al Líbano:

¿Es seguro viajar al Líbano?

La respuesta dependerá de la época en la que viajes al Líbano. Quiero decir, justo cuando fuimos nosotras (febrero 2018) la amenaza israelí no era inminente por lo que, a pesar de que está en un lugar complicado: entre Siria e Israel, el país estaba en calma.

Un clima de paz un tanto peculiar, eso sí; pues todo el territorio está completamente militarizado y es bastante sorprendente ver cómo el centro de Beirut está repleto de trincheras y militares. También hay tanques – nosotras vimos cuatro – y muchos ciudadanos van armados. Esto último es lo que más nos asustó.

No obstante, a pesar de que en nuestra vida habíamos tenido frente a nosotras tantas armas, ni nunca antes nos habían sobrevolado cazas, en ningún momento nos sentimos inseguras (Y eso que éramos todas chicas).

La razón creo que tiene que ver con los colores de la bandera: rojo y blanco, además de por el cedro. Las trincheras y cuarteles tenían aspecto navideño. Sino, mirad:

¡En el Líbano siempre es Navidad!

¿Hay turismo en el Líbano?

El Líbano es un país que, aunque tiene importantes monumentos –Baalbek es uno de los yacimientos griegos y romanos más impresionantes del Mediterráneo, y los de Biblos corresponden a la primera ciudad fenicia– no es un país turístico.

La mayor parte de los turistas con los que compartimos avión y autobuses eran turcos, lo que hace que se mimeticen muy bien con los locales y sea complicado diferenciarlos. En cinco días por el país apenas vimos una docena de occidentales. No esperes encontrarte excursiones de japoneses ni de chinos.

Puerto, Beirut

¿Es caro viajar al Líbano?

Los mismos que han descrito que el Líbano es la nueva Suiza de Oriente son los que nos asustaron con los precios: “Es como Barcelona. No, como Londres. Cuidado, puede ser tan caro como París”. Está claro que esta gente NO vive en Barcelona.

Aunque también hay artículos de lujo como aquí, y salir de discotecas sí puede resultar bastante caro (40-50 euros la entrada), los precios de la alimentación, el transporte, el alojamiento y las entradas a los yacimientos son bastantes económicos.

Esta fue nuestra tabla de precios:

Taxi en Beirut: da igual el destino ni la duración del trayecto → 10.000 libras libanesas (unos 5 euros en total. 1 euro por persona).

Minibus a Baalbek: 7.000 libras libanesas ir (3,7 euros) y 6.000 vuelta (3 euros). Los precios siempre pueden variar ligeramente dependiendo de lo que diga el conductor.

Entrada a Balbeek: 15.000 libras libanesas (8 euros)

Minibus a Biblos: 2.500 libras libanesas (1,34 euros)

Entrada a Biblos: 8.000 libras libanesas (4,3 euros)

Alojamiento: Un apartamento para 5 en el barrio de Hamra → 60 euros por cabeza 3 noches

Comida: de 4 a 7 euros por persona. El precio aumenta si pides cerveza, ya que es lo más caro del menú (no todos los restaurantes tienen).

Cerveza (depende de si es restaurante, bar o tienda): en los dos primeros puede rondar los 3 euros, mientras que en las tiendas especializadas la cerveza local (Almaza) la puedes encontrar por 1 euro.

Tabaco: 14 euros el cartón de Lucky

Baalbek, Líbano

Recomendaciones

  • Alójate en Hamra, es el barrio donde hay más restaurantes, tiendas y ambiente. Nosotras estuvimos en West House Apartments, un pisazo de lujo donde pagamos 60 euros tres noches cada una. Tiene wifi y ¡sorpresa: funciona!
  • En el mismo Hamra tienes que ir al restaurante Abou Hassan (en realidad esta recomendación me la dio Ignacio Izquierdo y, hacedle caso, estaba muy muy bueno y era barato).
  • Gouraud y Mar Mikhael están repletos de pubs y bares de fiesta. Algunos de ellos abren hasta tarde
  • En la tienda Mónaco están las cervezas a 1 euro
  • En Baalbek come en el restaurante Arcada. Las pizzas típicas libanesas están deliciosas y su dueño es un amor
  • No te pierdas el Pigeon Rock al atardecer

Pigeon Rock, Beirut

Cómo ir desde el aeropuerto al centro de Beirut y viceversa

Como en todos lo aeropuertos del mundo, el de Beirut también tiene taxis. La diferencia con Europa es que los taxímetros no existen, ni tampoco tienen precios fijos.

Lo más habitual, con tu cara de occidental que no pilla nada, es que quieran timarte. Cuando llegamos nosotras éramos las únicas turistas no asiáticas por lo que, a pesar de que éramos conscientes de que intentarían aprovecharse y que saldrían ganando ellos, el timo fue un desmadre: nos pedían 60 dólares por cabeza. Obviamente no lo aceptamos.

Un chico turco que conocimos en el avión nos explicó que había autobuses a la ciudad. Por autobús no te esperes uno de línea como los de aquí. En realidad, lo que llegó fue una minivan. Aquí lo que nos cobraron fueron unos 5 euros por cabeza y nos dejaron en la misma calle de los apartamentos.

La vuelta desde Beirut aún es más barata, pues puedes negociar con los millones de taxistas que te encontrarás por la ciudad. Eso sí, los libaneses no son muy de regatear. Si dicen no, es no.

¿Qué si me gustó viajar al Líbano? ¡Estoy deseando VOLVER!

Periodista digital especializada en viajes

No Comments

  1. Hola Laura,

    Me podrías dar más información de que como tomar los minibuses a los distintos destinos, debido a que no encuentro información en ninguna parte.

    Muchas Gracias.

  2. Hola Roberto,

    Nosotras los cogimos en Cola Station. Una especie de estación donde hay un montón de minibuses (no te imagines una estación como tal) en la que, aunque no hay paneles ni señales, los conductores en cuanto te ven se acercan a preguntarte a dónde vas y ya se encargan ellos de acercarte hasta el bus correspondiente. Hasta allí fuimos en taxi, porque no sabíamos llegar.

    🙂

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