Santini, la heladería de Portugal

Tengo antojo de helado. Bueno, en realidad creo que es permanente, ya que incluso en pleno invierno me apetece. Y eso que llevo 27 años pidiendo lo mismo: trufa y stracciatella; o en su defecto, stracciatella y trufa. Debería de estar ya aburrida, pero no es el caso. Eso sí, que sea muy cremoso. Con estas características, conozco mil heladerías donde me lo hagan, unos mejores que otros, por supuesto. Sin embargo, no sé muy bien por qué hoy me he acordado de una heladería portuguesa en la que tuve la ocasión de estar hace un año: Santini. Como bien menciono en el titular, se la conoce como la heladería de Portugal, aunque lo cierto es que, aunque también abrieron un local en Lisboa, su popularidad se la debe al del pequeño pueblo costero de Cascais. Un lugar precioso que en verano se llena de vida, ya que sus calles están repletas de terrazas y la temperatura es estupenda.

Posiblemente, aquellos que aún no lo hayáis visitado os sonará de que fue uno de los lugares de veraneo de la realeza española hace ya algunos años, además de ser donde se exiliaron durante la guerra. De hecho, Villa Giralda (la casa donde el Rey mató a su hermano) está justo a las afueras. Actualmente, Cascais es un lugar de veraneo de la élite portuguesa, además del de muchos famosos. Todos ellos, prácticamente sin excepción, se dejan caer por Santini en algún momento, ya que es posiblemente uno de los puntos más turísticos de este pueblo.

El encanto de la heladería es evidente ya desde su entrada, restaurada desde hace sólo unos años. Sus interiores también han querido conservar sus rasgos clásicos, aunque entremezclandolo con un diseño mucho más elegante y actual. Aunque sus verdaderos protagonistas, los que le han dado tanta fama, son sus cremosos helados. Tienen de muchísimos sabores, todos ellos artesanales. Lo mejor es dejarse recomendar, ya que en la pared cuentan con una lista de sus últimas creaciones y con el helado del día. Como los hacen con frutas naturales, es evidente que los recomendados son aquellos que están mucho más frescos. Y dicho esto, ahora me acuerdo por qué Santini me ha venido a la cabeza, y es que aquí fue donde, por un día, abandone a mi trufa y stracciatella. Los elegidos creo recordar que fueron el melón y el mango ¡delicioso! (por mucho que las busque, creo que no tengo imágenes de los helados. ¡Qué fallo!)

Web de Satini

Periodista digital especializada en viajes

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