“Cartago debe ser destruida”, gritó Catón. Y lo fue

Cartago, Túnez

Una historia de fenicios y romanos

Cartago, Túnez

Me confieso una apasionada de las antiguas civilizaciones. De los viajes llenos de ruinas. Esos en los que mi amiga Alba llegaría diciendo: “Pero si está todo roto”, como lo hizo con Grecia. Sí, de quedarte delante de las piedras con cara de idiota, visualizando a tu manera ese momento en el que un fulano (en todas las historias hay un fulano malo) y su séquito decidieron arrasar con todo y hacerlo suyo. Una historia que se repite en la Acrópolis de Atenas, Persépolis, Constantinopla, Cartago y un largo etc. Es lo que tienen las ruinas.

Ves que tienes ante ti siglos de historia y eres incapaz de asimilarlo, ¡si hubiera retenido algo más cuando lo estudié! Sí, porque Cartago nos suena. Fue una de las antiguas civilizaciones más importantes, sobre todo del Mediterráneo. Y los fenicios, sus fundadores, también. Igual que las Guerras púnicas contra los romanos. Y si atamos todos esos conceptos, entonces llegamos a aquel golfo donde se rompen las olas. A aquellas piedras mojadas por la lluvia, a los reflejos de la luz en su suelo. Y es que si te pilla la lluvia en Cartago, en vez de lamentarte, da gracias. Las ruinas en un día gris y con orvallo aún son más fascinantes. Soy asturiana, qué se le va a hacer.

Cartago, Túnez
Imagen de Laporte.es

Y sigues mirando al suelo, imaginándote a Dido, la princesa fenicia, llegar cual Daenerys Targaryen en aquel 800 a.C (es volver mucho la vista atrás pero poned de vuestra parte). Y me la imagino un poco yo: “Mirad chicos, yo ya no puedo más”, “Pero si has viajado todo el tiempo sentada, mi princesa”, “Bueno, vamos a parar aquí a tomar una caña y ya lo vamos viendo”. Y se quedaron. Se quedaron sin saber, o sabiéndolo, que habían escogido justo el mejor punto del Mediterráneo, con el puerto más importante. Y así fue como, una vez esa monarquía se convirtió en república, y esa república en la primera potencia económica y militar (incluso contaba con tierras en Hispania, Sicilia, Cerdeña y norte de África), los romanos se celaron.

Los fenicios no resultaron ser tan tontos, a pesar de sus pérdidas. Quizá es porque la historia siempre la escriben los vencedores.

Cartago, Túnez

Cartago, Túnez

Cartago no fue conquistada hasta la tercera Guerra púnica (llamada así por los romanos, claro), cuando se reforzó el sentimiento anti-romano entre los fenicios y éstos tuvieron miedo de que se les rebelasen. Y aquí es donde entra Catón el viejo (véase el titular), que al parecer, poco cansino él, repetía continuamente: “Es más, creo que Cartago debe ser destruida”. Y aquí es cuando Octavio, ese romano que en nuestra imaginación es un hombre alto, moreno, de ojos verdes y malote (porque lo malo nos gusta, aunque sea así de triste), entra en escena y decide arrasar con la ciudad. Pobre fenicia, ahí hubo un romance fenicio-romano seguro, piensas. Pero la historia no debió de cuajar porque resultó que Octavio tenía un carácter difícil, fenicia le reprochaba que no pasaban suficiente tiempo juntos y, con tanta discusión, no fue llevada al cine y el resto de los fenicios… el resto de los fenicios la mayoría fueron asesinados. Aunque los hay que lograron escapar, de hecho todavía quedan descendientes fenicios por el mundo. En el Líbano, más concretamente.

Tras tres años de guerra y sin conseguir que los fenicios abandonasen su tierra, en el 146 a.C los romanos saquearon y quemaron Cartago. Por ello, actualmente, restos fenicios pocos, por no decir ninguno. La gran mayoría son romanos, ya que tras haber quedado aquello totalmente devastado, un siglo después César Augusto (este sí, este sí fue mono) decidió levantar allí la capital romana de África.

Cartago, Túnez

Y aunque esta historia está contada un poco de aquella manera, faltaría incluso incluir el paso de los bizantinos; lo que hoy te encuentras en Cartago, además de unas vistas impresionantes, mansiones de lujo y hasta la casa del presidente son: las antiguas termas de Antonino, restos de calles, del circo, anfiteatro, del Coliseo, sus cisternas y el tofet de Cartago, donde sacrificaban a los niños fenicios. También está el Museo Nacional, donde se expone algunas de las piezas púnicas recuperadas de la época. En definitiva, siglos de historia que desde el 79 forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO y ahora están frente a nosotros.

A Cartago vete en un día lluvioso, hazme caso.

Periodista digital especializada en viajes

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