Ruta por la Bretaña francesa en coche

Oh la France… ese país vecino que está tan cerca, sobretodo para los que vivimos en Cataluña, y tan lejos a la vez: el idioma. ¡Tantas clases de francés en el colegio desperdiciadas! Por no hablar de que en esta parte francesa, justamente, tienen el bretón, una lengua prácticamente indescifrable parecido al gaélico. Sin embargo, a pesar de tener su propio idioma, por suerte los indicadores están todos en francés (como si a mi eso me sirviera de algo).
Presupuesto peajes más gasolina: 250 euros aproximadamente.
La mejor manera para recorrerse esta provincia de Francia es en coche, por supuesto, ya que su mayor encanto reside en los pequeños pueblos que te vas encontrando por el camino, bien sea por la costa como por su interior. Personalmente sólo podré hablar de algunos de ellos, ya que el tiempo que tuve para disfrutar en la Bretaña francesa fue de 4 días escasamente. Aunque, si no dispones de mucho más, será suficiente para conocerla.
Nantes
Nuestra ruta comienza en Nantes, una ciudad que bien podría ser la hermana gemela de Niza, y que aunque no está exactamente en la parte bretona, sino en los Países del Loira, la Bretaña la considera suya. Sino fíjate bien en las postales sobre el terreno bretón en las tiendas de souvenirs. Aquí, convendría explicar que esta parte de Francia, que se sitúa justo en el noroeste del país, es una especie de Cataluña pero a la francesa, quieren independencia. Pero esto no sólo es perceptible en Nantes, sino que si subes hasta Saint- Michael, verás que aunque lo reclaman como parte de Bretaña, los de Normandía lo consideran suyo. En todos los países cuecen habas, como puedes ver.
Como es bien sabido, Nantes es la ciudad de Julio Verne. No hay más que mirar La Machine, una enorme explanada museo en donde se ha realizado una recreación de los personajes imaginarios del escritor. El casco urbano también cuenta con otros encantos como el Castillo de los duques de Bretaña, una fortaleza que alberga el museo de historia de la ciudad. En su patio central se encuentra una placa en conmemoración de la unión entre Francia y Bretaña.
Guerande
La siguiente parada es Guerande, un pequeño pueblo medieval recomendación de Lugaresdelibro en Twitter. Lo visitamos la misma tarde que abandonamos Nantes, por lo que en media tarde da tiempo a recorrérsela entera. Lo más característico de este pueblo es que se encuentra dentro de una muralla por donde discurren sus pedregosas calles, pequeñas casas medievales, restaurantes de Galettes y Crêpes y sus coquetas tiendas de souvenirs. ¡Imprescindible!
Tremblay
De camino hacia el norte pasamos por delante de este pequeño pueblo cuyas casas de piedras decoradas con hortensias de vivos colores nos obligaron a tener que pararnos. Quizá estaba algo solitario, ya que en la hora que estuvimos allí tomando unas cañas apenas vimos más de siete lugareños. Si os pilla de camino os recomiendo que os acerquéis. No sé si sería por ser turistas o qué, pero nos cobraron bien por las cañas y una coca-cola… supongo que se aprovecharían de que era el único bar del pueblo.
Saint-Michel
El siguiente día subimos hasta Saint-Michel, un inmenso monasterio y pueblo medieval levantado sobre una roca-isla. El lugar es espectacular. Quizá, lo único malo que podría decir dél es que, al ser un sitio tan turístico, sus estrechas calles están abarrotadas de gente. Lo más llamativo del lugar, además del interior del pueblo, es que cuando sube la marea los alrededores de la fortaleza quedan cubiertos de agua. Sólo una carretera asfaltada permite acceder a él.
St. Malo- Cabo de Fréhel
Si seguimos la carretera de la costa hacia el oeste pronto nos encontraremos con St.Malo, una pequeña ciudad que se caracteriza principalmente por estar cercada y a orillas del mar. Lo cierto es que, aunque tiene su encanto, los pueblos que la rodean son mucho más espectaculares. Lo mejor es perderse por ellos, ya que con visitar la plaza de la iglesia ya prácticamente lo has visto todo.
Más adelante está el Cabo de Fréhel. Sinceramente, no es para tanto. Sí, es cierto, está en un emplazamiento muy bonito: acantilados, prados muy verdes y en mitad el faro; aunque estoy segura que los del suroeste de Bretaña son mucho más bonitos.
Josselin
Este pequeño pueblo situado en el interior de la región parece que se lo ha montado mucho mejor que los anteriores, ya que hasta han montado una oficina de turismo. El recorrido cruza toda la urbe, desde el castillo hasta más arriba de su iglesia, en donde se encuentra la primera casa de Josselin que data de la época medieval. Una tienda muy interesante es la que hay de libros de lengua inglesa en la calle principal. Aquí pude comprarme la Lonely Planet de Alemania por sólo 4 euros.
Carnac
Es el lugar con más monumentos megalíticos del mundo, ya que cuenta con más de 1.500 monolitos repartidos entre Le Ménec, el Kermario, Kerlescan y el Petit Ménec. El más grande de todos ellos cuenta con 7 metros de altura, es el llamado Gigante de Manio.
Dónde dormir
Lo que más me ha gustado de Francia es la facilidad con la que puedes moverte. Existen un montón de hoteles en las áreas de servicio de la autopista que, por unos 35 euros, tienes una habitación doble. Lo mejor de todo es que no hace falta que reserves con antelación ni que llegues a una hora determinada, ya que cuentan con una máquina automática en la puerta donde metes tu tarjeta de crédito y te sale una clave para acceder a la habitación. Normalmente en cada área de servicio hay como tres o cuatro hoteles de estas características.
















