Pasaje de Gois, la carretera que aparece y desaparece

Uno de los aspectos que más llama la atención cuando recorremos Francia es que la vida de muchos de los pueblos o islas de la costa se rigen por los calendarios de las mareas. Un hecho que queda evidenciado al visitar el Monte de Saint-Michel, un monasterio-pueblo-peñón que hasta hace algunos años quedaba totalmente aislado de la península con la subida de la marea. De hecho, a su entrada podemos ver grandes paneles con los horarios en los que debemos de retirar el coche del aparcamiento si no queremos que éste acabe flotando por el Atlántico. Esta singularidad no sólo se puede presenciar en el norte de Francia, sino que en su costa oeste nos encontramos con una carretera que, dependiendo de las mareas, aparece y desaparece bajo el mar. Es el Pasaje de Gois, hasta hace unos años la única vía de comunicación entre la isla de Noirmoutier y la península francesa.

Con sólo 4,5 kilómetros de longitud está estrecha carretera es la vía predilecta de los amantes del riesgo y los más nostálgicos que intentan llegar a la isla. Y es que, aunque durante la bajamar es el tramo más rápido y sus alrededores, que se quedan al descubierto, son aprovechados por los lugareños para recoger almejas, mejillones o cangrejos; cuando comienza la pleamar ésta sube tan rápido que, si te pilla justo a mitad de camino, es muy posible que no llegues hasta el final. De hecho, el centro de este tramo está algo más hundido, por lo que el agua lo cubre mucho antes. Para los despistados, ya que según nos han contado algunos de los franceses de allí ya ha habido algún que otro accidente, durante este trayecto hay varios postes que sirven como refugio para aquellos que se quedan atrapados por la marea. Según la marca de éstos, el agua puede alcanzar los 4 metros.

Y es que a pesar de que los enormes carteles que se encuentran a la entrada de ambos lados indican claramente a qué horas comienza la pleamar y las razones por las que no conviene arriesgarse, la mayoría siguen cruzando hasta que ésta llega a la defensa de los vehículos. La anécdota que todos buscan es llegar el último al otro lado donde los curiosos se amontonan para ver el espectáculo y vitorear a los más valientes (o imprudentes).

Por ella además de coches también vemos bicicletas, pues este tramo se hizo especialmente popular durante el Tour de Francia de 1999 en el que muchos ciclistas acabaron en el suelo debido a la cantidad de algas que se quedan en el asfalto al bajar la marea. Os aseguro que resbala muchísimo. Además, una vez queda descubierta también hemos visto alguna que otra medusa, por lo que para pasar andando o en bici hay que tener bastante precaución.

Hoy en día no es el único acceso a la isla, ya que desde hace unos años también hay un puente por donde se puede cruzar de forma segura y sin necesidad de esperar a que la carretera vuelva a aquedar al descubierto. No obstante, si tienes pensado visitar Noirmoutier os recomiendo que lo hagáis por el Pasaje de Gois, ya que es uno de los espectáculos naturales que más me han gustado de Francia y, si seguís los carteles indicativos de ambos lados, no hay riesgo de que te quedes atrapado.

Pasaje de Gois, Noirmoutier, cómo llegar


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Periodista digital especializada en viajes

7 Comments

  1. Tremendo acceso no apto para asustadizos!! Como soy un clásico, si voy algún día lo haré por esta carretera….. Saludos

  2. Que carretera más curiosa, la verdad que la desconocía, ahí si que merece la pena tener una barca a remos, mas que un coche 😀

    Saludos!!!

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