Viaje a Gambia: primeras impresiones

Gambia, niños

Gambia, pescadores
Decía Kapuscinski en su obra maestra Ébano que en África el tiempo no existe. Un cita clavada en la memoria de muchos de sus lectores y que, una vez aterrizados en la África negra, cobra vida de una forma exasperante en muchas ocasiones. Paciencia. Hemos encontrado uno de esos países impasibles al tiempo, y al espacio si me apuras, donde sus habitantes viven ajenos al capitalismo que tanto daño nos ha hecho, la globalización y a la destrucción humana.

Un país donde, a pesar de las asperezas de su día a día por alimentarse, educarse o vivir, te recibe con una sonrisa muy grande, te da la mano, te pregunta tu nombre, te dice el suyo y con la frase “en Gambia no pasa nada” siempre en la boca, te invita a pasar. Lo llaman tercer mundo, hablando de humanidad, Gambia nos superan con creces.

Este país es el más pequeño de la península africana. Una excolonia británica cuyas fronteras fueron delimitadas a cañonazos desde el río que lleva su mismo nombre y un lugar que desde su autodeterminación vive sin conflictos con el exterior por no poseer riquezas materiales.

Gambia, isla de Ginak

Su naturaleza y humanidad, esta última sobre todo, es mucho más rica que a lo que solemos estar acostumbrados. A pesar de estar divididos en diferentes tribus ancestrales, siendo la Mandinga la más extensa junto con otras como los Fula, Wólof, Jola, Serahuli y Diola (estos últimos procedentes del sur senegalés, Casamance) todos ellos conviven respetuosamente ayudándose entre sí, igual que hacen con el turista perdido, incluso sin tener nada.

Para que os hagáis una idea, durante nuestra ruta por el país acabamos sentados en una furgoneta cuyo motor se recalentaba cada siete kilómetros. Había que parar y volver a echarle agua y a mitad de camino ya habíamos consumido la mayoría de las botellas con las que cargábamos. El conductor paró en una de las muchas aldeas que salpicaban el camino y, sólo con mostrar la botella de plástico vacía, los niños se acercaban con cazuelas llenas de agua que horas antes habían recogido del pozo más próximo. Su caridad significaba que, tras nuestra marcha, tendrían que volver a hacer su habitual recorrido hacia la fuente.

Nadie te niega nada. Como tampoco te piden. Bueno, miento, te piden las botellas de plástico vacías. Allí el agua se vende en bolsas que cuestan unos 0,02 céntimos. El precio de los botellines, 40 céntimos, es muy elevado para los locales.

bolsas de agua en Gambia

Bolsas de agua

Fue llegar a la estación de Sants y a las puertas tenía a tres indigentes pidiéndome dinero, o tabaco. En Gambia no. Si bien se acercan a venderte cacahuetes, buñuelos, coco o bolsas de agua, sin hacer diferencia en el trato con sus locales; es poco frecuente encontrarse con mendigos.

familia, Gambia

Tampoco hay robos. Los Diola, que son a los que tuvimos la oportunidad de conocer más a fondo, son educados desde pequeños a respetar las pertenencias del prójimo, ya que el hurto conllevaría a su familia a la vergüenza. En el caso de violar sus convicciones, el ladrón es sancionado con el pago de una ofrenda que le permita quedar libre de sus pecados. En algunos casos, por ejemplo, con unas cuantas vacas. Sin embargo, la mayoría son tan pobres que carecen de recursos para pagar su sanción y raras veces se han conocido delitos.

La paciencia es una de sus mejores virtudes, que no la nuestra. Volviendo a Ébano, recuerdo noches de lectura esperando pacientemente junto a Kapuscinski a que se llenase cada autobús que tomaba para que se pusiera en marcha. Una historia que a todos nos sacó una sonrisa en su momento y que en primera persona, a 35 grados, sin aire y con el culo encajado entre los hierros ya no hace tanta gracia. Y sino, que se lo pregunten a mi compañero de viaje.

Gelli gelli, Gambia

En Soma, cogiendo el segundo de los gelli-gelli

Si cada día para moverme tuviera que coger un gelli-gelli (guele guele) creo que no me levantaría ni de la cama. Si ya el servicio es bastante precario, no os imagináis la cantidad de tiempo que lleva moverse en este tipo de transporte (es el único del que disponen junto con los taxis) y con la mayoría de las carreteras sin asfaltar.

Su precio es bastante económico y, con el billete, se incluyen seis horas más de lo que en realidad llevaría realizar este recorrido. Antes del amanecer, las mujeres se van concentrando en la cuneta a esperar que pase el primero de la mañana que les acerque a las ciudades o al campo. En un país sin relojes, y sin horarios, la espera puede ser muy variada. La primera de ellas sólo duró una hora y, por suerte, el gelli-gelli venía hasta arriba de gente, por lo que no hubo que aguardar a que se llenase.

La segunda de ellas no fue tan paciente: dos horas y media esperando a que se comprasen los últimos cinco tickets para que el autobús se pusiera en marcha. Desesperados por la impaciencia propia de occidente, nuestro primer pensamiento fue el de comprar los billetes restantes. No lo hicimos. Pusimos a prueba nuestra templanza y nos dejamos morir. La última de ellas fue toda una alegría: 35 minutos. Once horas más tarde llegábamos a nuestro destino.

casa, Gambia

Típica casa familiar del centro de Gambia

El combustible es uno de los productos más caros de Gambia: euro el litro. De ahí a que apenas haya coches particulares y la necesidad de llenar cualquier medio de transporte.

Estamos ante un país donde una tercera parte de la población vive bajo el umbral de la pobreza, y sólo un 40% está alfabetizado. El número de escuelas es muy pobre, igual que sus servicios e infraestructuras. Muchas de ellas fueron levantadas por organizaciones y cooperantes españoles y europeos, pero aún así resultan insuficientes: más de 200 alumnos mezclados entre diferentes edades que para acceder al colegio tienen que recorrer varios kilómetros a pie bajo un sol abrasador.

Gambia, niños

Las mujeres no tienen mejor suerte, en el centro del país son el pilar de la familia. Ellas labran la tierra y trabajan el arroz para lograr el sustento, mientras que sólo algunos hombres y de la costa parecen tener una ocupación, a pesar de que ellos afirmen estar “very busy”. Es mentira.

Las relaciones entre las parejas, asimismo, es bastante fría y distante, ya que culturalmente no está bien visto mostrar afectividad en público y mucho menos delante de los niños. En los hogares, casas de adobe o madera, la mujer y el hombre conviven por separado. Mientras ellas comparten cama con sus hijos, los hombres descansan en otra habitación adyacente.

Brikama, Gambia

Brikama, una de las ciudades más importantes de Gambia

Otra de las dificultades con las que deben de luchar cada día es la falta de electricidad. Ninguna de sus ciudades (y no penséis en ciudades como tal) cuentan con luz 24 horas, ni siquiera en el aeropuerto. Los cortes son constantes y sólo algunos lugares más preparados como los hoteles cuentan con generadores propios.

Cuando llega la noche, Gambia apenas se intuye en la oscuridad. Los focos de los coches van iluminando a animados grupos de jóvenes sentados en el arcén, paseantes o niños jugando en sus alrededores. Un vida muy diferente a la que nos ha tocado vivir a nosotros y que, a pesar de la precariedad y necesidad, se ve mucho más plena y feliz que la nuestra.

Brikama, Gambia

Zona comercial de Brikama

Muchos de nosotros nos pondríamos a temblar, y no soy excesivamente miedosa, si nos encontrásemos en un solar remoto, a oscuras y perdido en nuestro país. En Gambia también, no vamos a negarlo, aunque aquí los locales en vez de atracarte o acuchillarte, sólo se acercan para ayudarte. Eso sí, primero con el correspondiente ritual:  dar la mano, decir tu nombre, nacionalidad y si es tu primera vez en el país Luego te cogen la mochila y, en vez de salir corriendo con ella, caminan a tu lado el recorrido que haga falta hasta que llegues a tu destino. Y no, no lo hacen por la posible propina.

Niños con el uniforme escolar

Gambia

G

Hasta el momento, Gambia es de los pocos destinos que he conocido donde todo permanece tal cual te lo esperabas. Sin grandes edificaciones, sin fábricas. Todos los productos son naturales y elaborados por ellos. Y, aunque llevan una vida complicada, parece todo más simple y feliz. No tienen nada, pero se desviven por hacerte sentir bien, por agradarte. Es imposible no emocionarse ante tanta bondad y no avergonzarse de tu “civilización” cuando, con una sonrisa inocente, te dicen que les encantaría visitar tu país. Pobres, qué pocas manos estrecharían.

Periodista digital especializada en viajes

15 Comments

  1. Muy bonito el artículo Laura, sin duda te transporta a la experiencia que has vivido en el país y te hace sentir que viajas a vuestro lado. África, ese gran desconocido que tiene demasiadas cosas por descubrir. Mi continente pendiente.

  2. Muchas gracias chicos 🙂 Sin duda, Iosu, te lo recomiendo totalmente, te encantaría. Fue mi primer viaje a la África negra pero espero repetir pronto! Un abrazo!

  3. Me ha encantado el relato. Gambia es un país para tomárselo con calma. Me encantó la comida. Qué ganas de volver.

  4. Muchísimas gracias chicos por vuestros comentarios. Me alegro que os haya gustado 🙂 Gambia es una pasada. Aquellos que aún no lo conocéis os lo recomiendo. Un viaje perfecto jeje

    Un abrazo!

  5. Un artículo precioso. Me parece que este viaje tiene que haber sido una experiencia muy bonita. No sólo se viaja para ver monumento y en tu relato no podía quedar más claro. A veces pienso que deberíamos aprender de la gente que vive en países como Gambia. Seguiré leyendo las entregas de tu viaje… tiene muy, pero que muy buena pinta.

    Un saludo,
    Sonia.

  6. ¡Muchas gracias, Sonia! Lo ha sido, una experiencia más que recomendable. En mi caso fue la primera vez que he vivido un viaje de estas características, y me ha encantado. Creo que se aprende muchísimo y te ofrece otra percepción totalmente distinta de lo que es la vida.

    Gracias por tus palabras. Un abrazo!

  7. Yo no he podido aguantar pasar sin comentar. ¡muy bien escrito!

    He cogido tu rss por consiguiente no he logrado hallar tu email de
    suscripcion o hypervinculo o servicio de newsletter.
    Tiene alguno? Por favor permiteme llevar a cabo la suscripcion. gracias.

  8. Habéis conseguido meterme el gusanillo de visitar éste rincón africano. Parece muy especial y seguro que aprendes muchísimo, sobretodo a valorar las pequeñas cosas… Muy buen post 😉

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: